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Defensoría del Pueblo
DEFENSORA DEL PUEBLO
DRA. ALICIA PIERINI

Asociación de Defensores de la República Argentina

Revista digital

Buenos Aires, crónicas de la ciudad abierta es la publicación digital de la Defensoría del Pueblo, que refleja la tarea desplegada por la institución y sirve para acercarse a quienes se interesan en la promoción de los derechos ciudadanos, en las cuestiones urbanas y en el desarrollo de políticas públicas participativas y democráticas. SUSCRIBIRME

MARZO 2007

Números anteriores

Sin anestesia

Cuatro mil cirugías en lista de espera en el Hospital de Niños es un dato que jamás hubiéramos querido informar. Pero nos hemos visto obligados a difundirlo sabiendo que es sólo una porción de las innumerables intervenciones postergadas que aguardan en los establecimientos hospitalarios porteños. Causa esta emergencia la falta de médicos anestesiólogos -una especialidad esencial agrupada en una asociación única-, lo que pone en riesgo el derecho a la salud de muchos argentinos ya que el fenómeno se reproduce en mayor o menor medida en todo el país. Derecho humano básico tributario del fundamental derecho a la vida, la salud no es una mercancía que pueda hacerse escasear en el mercado para alcanzar mejores precios. El esfuerzo presupuestario del Ministerio de Salud para mejorar la infraestructura sanitaria, adecuar los quirófanos o contratar personal de enfermería se frustra si aún así no puede brindarse el servicio más crítico de salud, que es el quirúrgico, por la falta de un protagonista esencial e irreemplazable: el anestesiólogo. Esta Defensoría se está esforzando para que la situación no se cobre ningún sufrimiento humano más y la anestesiología llegue a todos los hospitales del sector público sin regímenes de excepción por especialidad.

Libro de quejas


En 2006, la Defensoría recibió más
de 90 mil consultas

Durante 2006 la Defensoría del Pueblo recibió 91.789 consultas, casi 20% más que en 2005. Al tope del ranking de quejas se ubican las demandas por problemas de vivienda y los reclamos contra el sistema de salud y por la falta de cuidado de los espacios verdes.

En simultáneo con una tendencia que parece expresarse por igual en todo el mundo, los vecinos de Buenos Aires han comenzado finalmente a exigir que sus derechos sean respetados por las autoridades correspondientes y el destacado aumento en el número de consultas recibidas durante 2006 en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad da cuenta de ello. Eso podría indicar que la cultura del reclamo, esto es, la generalización entre los miembros de una comunidad de la convicción de que tienen derechos que pueden hacer valer en tanto habitantes de una ciudad, usuarios de servicios públicos o consumidores es un fenómeno que se intensifica lenta pero sistemáticamente.

Contra ese avance de protagonismo popular atentan décadas de resignación, cansancio y escepticismo, fomentados por varios factores: en muchos casos, la falta de consagración de esos derechos en normas claras o la casi nula difusión de las normas existentes; en otros, el desaliento al no contar con estructuras que den rápido curso a las denuncias, habida cuenta de la histórica imagen de la lentitud del trámite judicial. Pese a ello, mientras que en 2005 las consultas de los vecinos fueron 76.993, en 2006 esa cifra trepó a 91.789, lo que representa un crecimiento anual del 19,2 por ciento.

“Este incremento revela con claridad la necesidad de los habitantes de la ciudad de reclamar por sus derechos y garantías y reconocer en la Defensoría del Pueblo un interlocutor válido para canalizar sus demandas”, aseguró la titular de la institución, Alicia Pierini, quien también subrayó que “las situaciones más críticas que requirieron la apertura de una actuación comprometieron fundamentalmente a las áreas dedicadas a vivienda, emergencia social, comedores comunitarios y políticas sociales”.

Las denuncias relacionadas con el déficit cualitativo y/o cuantitativo existente en materia habitacional encabezan el ranking de demandas de 2006, con el 11,6 por ciento del total. De ese porcentaje, el 63% corresponde a inconvenientes diversos planteados con el Instituto de la Vivienda porteño (IVC) y el Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI), seguidos por las quejas de familias de escasos recursos que fueron desalojadas, con el 25,1%. “Las villas de emergencia, casas tomadas, inquilinatos, hoteles y pensiones, son algunas de las expresiones palmarias de este déficit que castiga con mayor fuerza a los sectores sociales de menores recursos”, remarcó la Defensora del Pueblo. “La proliferación de los llamados nuevos asentamientos urbanos -que albergan a miles de familias en situación de pobreza extrema- y el notorio deterioro que presenta el parque habitacional -constituido por los complejos urbanos construidos por el Estado en décadas pasadas- son otro emergente de este cuadro habitacional que exige la adopción urgente de políticas activas que propicien la equidad, la igualdad de oportunidades, la integración social y la superación de la pobreza y la vulnerabilidad social”.

Con el 11%, en la segunda posición de la lista de las problemáticas más denunciadas se sitúan aquellas vinculadas con el sistema de salud. De ese porcentaje, el 14,6% se relaciona con incumplimiento de prestaciones médicas por parte de obras sociales, seguidas por la solicitud de medicamentos, con el 8,17 % y las quejas originadas por dificultades en la ejecución del Programa Federal de Salud (PROFE), con el 6,2 %. En el mismo ítem, una investigación efectuada por la Defensoría del Pueblo en 2006 reveló también que durante los últimos cuatro años el número de pacientes en lista de espera para someterse a una cirugía cardiovascular en los hospitales públicos porteños creció de 500 a 900. El trabajo señala que el sostenido incremento de estas demoras –que llegan incluso a los tres años- se debe fundamentalmente a la escasez de personal médico y técnico capacitado, la obsolescencia de parte de la aparatología utilizada, la exigua disponibilidad de camas y la falta de insumos.

Los reclamos originados por las deficiencias de los espacios verdes de uso público -ausencia de cobertura vegetal, deterioro de juegos infantiles, sanitarios, luminarias y enrejados y falta de higiene de los areneros- y la falta de mantenimiento y poda del arbolado de alineación -que ocasiona afecciones alérgicas, obstrucción de luminarias y desagües pluviales e invasión del espacio aéreo de propiedad privada- ocupan el tercer lugar del ranking de quejas, con el 5,2 por ciento.

Otros tópicos que sobresalen el listado de quejas más frecuentes son los inconvenientes suscitados con permisos y habilitaciones de comercios, puestos de venta en la vía pública y vendedores ambulantes, los reclamos contra las escuelas de gestión privada y los conflictos entre usuarios y concesionarias privadas responsables de los servicios públicos. En este último caso, las empresas más denunciadas por los usuarios fueron Aguas Argentinas, Edesur y Metrogas, objetadas por los procesos de facturación empleados -poco transparentes y de difícil comprensión-, la sobrefacturación y los mecanismos de instalación y conexión de los medidores, que no les permiten a los usuarios verificar el seguimiento de su consumo.

Ingrid Beck, directora de Barcelona
"Lo nuestro es periodismo lisérgico"


“Decimos lo que muchos periodistas piensan y no pueden publicar”

Desde su aparición en abril de 2003, la “solución europea para los problemas de los argentinos” sacude los quioscos de revistas con su estilo irreverente y desenfadado para relatar la realidad. Aquí, una de sus directoras revela cómo nació la publicación, cuáles son sus influencias y las razones de su inesperado suceso. “Muchas de las tapas de Barcelona reflejan el sentimiento popular, lo que la gente común piensa y no se atreve a decir”, asegura.

¿Cómo nace Barcelona?

La mayoría de los socios fundadores trabajábamos en La García, una revista de rock donde muchas de las notas estaban escritas con una fuerte dosis de humor. Había una sección en particular, Sending fruit (Mandando fruta), donde se publicaban noticias ficcionalizadas, y que funcionó como la semilla del proyecto. Pero nosotros teníamos ganas de hacer una revista de humor político. En esa época, Pablo Marchetti (otro de `los directores) viajó a Europa y nos trajo un una publicación francesa de formato tabloide y a dos colores llamada Charlie Hebdo que, de alguna manera, terminó de inspirar nuestro estilo definitivo.

¿De dónde surgió el nombre?

Cuando empezamos a hacer la revista, en el año 2000, muchos de nuestros amigos o conocidos estaban haciendo cola en la Embajada de España para irse a probar suerte a Barcelona, que era vista como una especie de tierra prometida para los argentinos. Así que decidimos bautizarla con el nombre de esa ciudad. Originalmente era tamaño sábana, porque queríamos hacer una revista que fuera bien incómoda de leer, como el diario La Nación. Comenzamos a mostrarla a varios editores conocidos, pero la crisis económica del 2001 ya se había vuelto terminal y, aunque les encantó a todos, nos dijeron que era imposible publicarla en ese momento. A comienzos de 2003, un tío mío que vivía en China nos ofreció prestarnos cinco mil pesos y con eso finalmente pudimos editarla: pagamos los dos primeros números y unos afiches para difundirla en la calle. La tirada inicial de la revista –que en ese momento era mensual- fue de 5 mil ejemplares y prácticamente se agotó. Después del lanzamiento nos llamó Alfredo Castelo, que estaba en TXT, para proponernos venderla dentro de ese semanario. Tiempo después el acuerdo terminó y comenzamos a salir de manera independiente cada quince días. Actualmente, Barcelona tira 18 mil ejemplares en Capital Federal y el interior del país, de los cuales vende aproximadamente 15 mil.

¿Se sienten continuadores de alguna tradición del periodismo satírico argentino?

Si tengo que pensar en algún antecedente, me siento más identificada con revistas como Satiricón o Tía Vicenta que con Humor. Esta última incluía un suplemento que se llamaba El Amarillo, cuyo contenido era similar al nuestro, pero carecía del tinte político propio de Barcelona. De todas formas, que nos digan humoristas es casi un insulto para nosotros, porque venimos del periodismo y eso es lo que hacemos. Un tanto lisérgico, pero periodismo al fin. Si leés el diario Clarín en profundidad también te podés cagar de la risa. O llorar, según el caso.

¿Hay temas de los cuales deciden no hablar?

Nuestra biblia son los medios gráficos, nos manejamos con la misma agenda que ellos, de allí sale el sumario de cada número. No podemos decir de esto no hablamos.. Si los diarios tocan tal o cual tema, nosotros también. Si Clarín inauguró la era de los títulos que comienzan diciendo Hay polémica –como en su momento hicieron con Ahora dicen que...- nosotros parodiamos eso. Y lo mismo sucede con las ilustraciones: si las revistas retocan cada vez más con el photoshop las fotos que publican, nosotros también explotamos ese recurso en función de las notas.

¿Esperaban la repercusión que obtuvieron?

El éxito de Barcelona nos sigue sorprendiendo: somos como marcianos con respecto a eso. Las cartas de lectores son nuestro mayor contacto con lo que pasa afuera. Sabemos que, por ejemplo, cuando en febrero de 2005 se publicó el número que mostraba en tapa la imagen de Juan Pablo II –que había fallecido por esos días- y la de Terry Schiavo encerrados dentro de un corazón con el título ¿El romance del año?, hubo gente que compró todas las revistas que había en un par de quioscos y las rompió. Meses después, se produjo una cadena de correos electrónicos en contra nuestro –promovida por algunos musulmanes enojados- cuando titulamos Ahora dicen que Mahoma era judío. Y otra portada que también provocó polémica fue la encabezada con la frase Tolerancia-Una negra y un judío deciden el destino de la humanidad, en la que se veía una foto de la secretaria de Estado norteamericana Condolezza Rice junto al primer ministro de Israel, Ehud Olmert. La imagen circuló fuera de contexto por toda Europa e Israel, y nos empezaron a llegar mensajes que nos deseaban lo peor para nosotros y para nuestros hijos.

¿Qué les provoca esa clase de impacto negativo?

Nada. Lo que hacemos no tiene una sola lectura. Algunos se indignan o se irritan al ver la revista, y está bien que eso suceda. Pero muchas tapas de Barcelona reflejan el sentimiento popular, lo que la gente común piensa y no se atreve a decir. Y también expresan lo que podrían publicar los medios si informaran lo que pasa.

¿Cuál es el criterio de selección utilizan para la publicación de las cartas de lectores?

Que sean divertidas e interesantes de leer. Si nos putean mejor, ésa es la idea.

¿Cómo es el lector típico de Barcelona?

No lo sé, porque cuando organizamos presentaciones públicas había adolescentes y mayores de 70 años. Pero creo que quienes nos leen tienen que estar informados, porque de lo contrario se pierden la mitad de lo que decimos. Cuando lanzamos Barcelona, pensamos que nos iba a gustar a nosotros y a diez amigos más. Nuestra premisa era hacer una revista donde no tuviésemos que hablar por teléfono con otra gente, ni tampoco desgrabar entrevistas o conseguir avisos. Pero parece que también hay más limados por ahí... Nosotros no tenemos puestas nuestras expectativas y nuestro dinero en que la revista crezca y nos forremos de plata. La publicidad comercial siempre fue bienvenida, pero no salimos a buscarla porque no sabemos cómo hacerlo. No vivimos de este proyecto, es lo que nos gusta hacer. Por eso nos encanta que le vaya bien y que la gente también la disfrute, pero no perseguimos el éxito.

¿Cómo repercuten las críticas de los lectores o del establishment periodístico en la revista?

En general, los medios masivos de comunicación y los periodistas consagrados se han mostrado a favor de la publicación. En un mismo día, hemos recibido halagos tanto de Horacio Verbitsky en su columna semanal del diario Página/12 como en las Charlas de quincho de Ámbito Financiero. Creo que Barcelona es muy utilizada por los periodistas, en especial en la radio, donde nos mencionan continuamente. Y supongo que eso sucede porque decimos cosas que muchos periodistas piensan y no pueden publicar en los medios donde trabajan. Con la revista se divierten, y ese rebote es importante para nosotros, porque no tenemos publicidad.

¿Qué opinión tiene de los medios gráficos argentinos?

El diario más respetable es La Nación, por su coherencia ideológica y su contenido, pero es un medio de derecha. Página/12 es un pasquín oficialista. Y Clarín es el antiperiodismo, pero representa un negocio más que una publicación periodística. A mí me divierte, pero no sé si es la función que busca cumplir.

¿Barcelona cumple alguna función social?

El proyecto fue concebido de manera absolutamente egoísta, para pasarla mejor y divertirnos. No sé si cumple alguna función social, pero a mí me gusta nuestra forma de trabajo, y es importante que los estudiantes de periodismo y los profesionales sepan que es posible hacer una revista como se te canta.

Trotecito porteño


Carlos Imbergamo


Fernando y su mateo

Si no fuera porque la crisis económica que asomó en 2001 los hiciera reaparecer por las calles y avenidas de nuestra ciudad de la mano de los cartoneros -que suplen con esa labor los desaparecidos empleos del pasado-, los animales de tiro habrían pasado a reducirse a los emperifollados matungos que disfrutan a bordo de los mateos los turistas que visitan el Rosedal de Palermo.

Carlos Imbergamo conduce un mateo hace dos décadas. Hoy su vehículo lo tira Sombra, una yegua de cinco años de pelaje oscuro cortado muy prolijo y una trenza de crines que flamea cuando trota por las callecitas porteñas. “A los caballos hay que cuidarlos como a una mujer: hacerles mimos y darles de comer bien porque en la ciudad se vuelven duros, muy caprichosos”, explica este cincuentón, uno de los 15 paseadores que aparcan frente a la puerta del zoológico todos los días.

Los animales de tiro son protagonistas de una profusa legislación según la cual los únicos vehículos de tracción a sangre que pueden circular por la ciudad son aquellos de carácter histórico y folklórico, siempre por vías públicas pavimentadas y con una autorización previa del gobierno. Es que la ordenanza 12.867 prohíbe ese tipo de la tracción en la Ciudad de Buenos Aires y obliga a incautar los equinos que son trasladados al Centro de Atención de Caballos de Tiro, donde reciben asistencia veterinaria, alimentación y vacunas. A sus dueños se los envía al tribunal de faltas y, luego a buscar al animal, si se comprueba que el caballo sufrió algún maltrato, se inicia una causa penal en virtud de la Ley Nacional de Protección de Animales.

Con la crisis de fines de los años 90 los caballos volvieron a la ciudad, mayoritariamente para tirar de carros que cargaban cartones que luego se vendían por unos escasos billetes. “Con los cartoneros es distinto -diferencia Carlos-, porque ellos tienen cierta necesidad, y acá no se trata de opinar, sino de ver lo que pasa en la calle. Si no quieren que existan cartoneros en carros tirados por animales, le hubieran dicho a Menem que antes de irse les dé el trabajo que les sacó. Ellos deberían poder usar caballos para trabajar, siempre que estén bien cuidados”

La prohibición de la tracción a sangre en la ciudad existe desde mediados de la década del 50, pero se cumple más o menos según la coyuntura política y el índice de desocupación. En mayo de 2003, cansados de que la policía les incaute los caballos y les cobre una multa por trabajar con carros por la ciudad, los cartoneros de Villa Soldati elaboraron un Plan Canje donde le propusieron al gobierno porteño cambiar sus animales por camionetas modelo 80, pero la iniciativa no prosperó.

Los equinos jugaron un rol fundamental en algunos aspectos de la vida porteña: ya en 1897, cuando el hospital Argerich evaluaba el servicio de las ambulancias que brindaba en las emergencias, se decía que “con el fin de aumentar la rapidez en el servicio de primeros auxilios se ha ensayado el sistema de ambulancia automóvil (eléctrica o a nafta) y se concluye que con buenos caballos bien descansados, la tracción a sangre es siempre preferible por la menor cantidad de inconvenientes que presenta al concurrir a los llamados. Las mencionadas máquinas –continuaba el informe- no han llegado a un grado de perfección que ofrezca seguridad absoluta, habiendo ocurrido casos en que mientras se concurría a un auxilio la ambulancia automóvil quedó descompuesta a mitad de camino, y se tuvo que pedir a la casa central el envío de una ambulancia de tracción a sangre”. Desde aquella auditoría, se alegaba además que en una ciudad de tanto tráfico como la de Buenos Aires, la velocidad a que podía marcharse en la parte céntrica no era mayor a la que lleva una ambulancia a sangre, y en los suburbios, el mal estado del pavimento no permitía una gran rapidez.

Actualmente, en la avenida Warnes al 2400 existe un predio que depende del Hospital de Emergencias Psiquiátricas Torcuato de Alvear, donde algunos conductores de mateos guardan sus caballos durante la noche. Fernando es uno de ellos y maneja a Tano, un macho de 32 años, uno de los mayores de la zona. “Esto es un trabajo, algo que pertenece a la historia de Buenos Aires. Yo no puedo maltratar al animal y trato de darle de comer lo mejor posible: descansa dos o tres días, toma agua a la mañana, a la tarde y a la noche. Se le dan todas las vacunas, se lo peina y se lo baña. Si está lastimado se lo cura, y después se lo prueba y si está bien de ánimo vuelve a trabajar. Si no se lo larga al campo”.

Este corralón, situado junto al hospital está controlado por un encargado inhallable y, según las autoridades del nosocomio, trabajaba en la cooperadora del Alvear, que ahora se disolvió: Desde entonces el lugar está bajo una orden de clausura que se haría efectiva en los próximos meses, cuando el expediente llegue a la Procuración porteña.

Fernando ingresa al corralón mientras se queja porque “los cartoneros no cuidan a los animales porque tienen los carros en mal estado y el animal debe hacer el doble de fuerza. En cambio, los mateos pueden llevar sólo a tres personas por viaje. El gobierno nos dio un permiso porque somos historia desde que existe el barrio de Palermo, pero los cartoneros son unos animales: le pegan con cadenas en vez de rebenques, y el caballo se les puede retobar y lastimar a alguien. Hay que saber andar en la calle, es mucha responsabilidad tener un caballo en la ciudad.”


En síntesis


Peligro: mochilas pesadas

  • Informe anual
    La doctora Alicia Pierini presentó formalmente el 15 de marzo ante la Legislatura el Informe Anual 2006, que registra los desarrollos y avances de su gestión durante el año pasado y que sintetiza la labor desarrollada por la Defensora del Pueblo, sus adjuntos y el conjunto de direcciones, áreas y oficinas del organismo.

  • Una cuestión de peso
    Alicia Pierini reclamó que sea reglamentada la ley 50 que protege a los alumnos del exceso de peso en las mochilas que utilizan para el transporte de útiles escolares. De acuerdo a un grupo de traumatólogos consultados por la Defensora, para evitar problemas cervicales los niños no deberían cargar más del 10% de su propio peso en los casos de uso prolongado y continuo. Ver normativa
    • Viviendas dignas
      A raíz de las serias demoras denunciadas por los residentes de la Villa 19 (Barrio INTA) en la ejecución de las obras de sus viviendas por parte del Instituto de Vivienda porteño, la Defensoría del Pueblo recomendó a ese organismo que finalice a la brevedad las obras de ampliación y mejoramiento iniciadas, y asegure una solución transitoria que garantice la dignidad, la salud, la seguridad y la integridad física de las familias que allí habitan. Ver resolución

    • Con anestesia
      La Defensora del Pueblo porteña pidió la intervención de la asociación profesional que agrupa a los médicos anestesistas, a la que acusó de “atentar contra el derecho a la salud de los porteños”. A raíz de esta situación, solamente en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez se encuentran demoradas 4 mil cirugías. Ver más

    • En las alturas
      La Defensoría del Pueblo solicitó al Jefe de Gobierno que analice si es necesario replantear la reglamentación de la ley 123 a fin de evitar las construcciones de edificios de gran altura sin la previa categorización y evaluación del impacto ambiental.

    • Escuela para todos
      Basándose en las numerosas denuncias realizadas en la institución por las dificultades para la obtención de vacantes en jardines maternales y escuelas infantiles y el deficiente estado edilicio que éstas padecen, la Defensoría del Pueblo requirió al Jefe de Gobierno porteño que disponga acciones conjuntas entre los distintos organismos gubernamentales para la construcción de una política de inclusión en el sistema educativo para la población infantil de cuarenta y cinco días a cinco años de edad.

    • De raíz
      Profesionales de la adjuntía a cargo de Gustavo Lesbegueris comprobaron graves irregularidades edilicias en la Escuela Huerta –ubicada en el barrio Villa Riachuelo-, motivo por el cual la Defensoría del Pueblo solicitó a los ministros de Educación y de Planeamiento y Obras Públicas del Gobierno de la ciudad que subsanen las deficiencias constructivas, de seguridad, habitabilidad, e infraestructura y saneamiento. Ver resolución

    • Mientras tanto
      La Defensoría del Pueblo recomendó al Presidente del Instituto de Vivienda que arbitre los medios necesarios a fin de reubicar a los habitantes del Asentamiento AU7 hasta tanto se concrete la construcción de las viviendas definitivas, anunciada en la ley 1.987.

    • Incomunicados
      Ante la negativa de la empresa Telefónica Argentina S.A. a instalar, reparar o rehabilitar líneas telefónicas por razones de inseguridad en lugares que esa compañía cataloga como “zonas de riesgo o emergencia”, la Defensoría del Pueblo recomendó a su presidente que asegure la realización de esas obras y la continuidad, regularidad, igualdad y generalidad de la prestación del servicio. Ver resolución

    • Para acceder a la Justicia
      La Defensoría del Pueblo exhortó al decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires a que evalúe la posibilidad de trasladar el Servicio Jurídico y Docente -que funciona en el Palacio de Tribunales- a dependencias que aseguren la accesibilidad física de personas con movilidad reducida. Ver resolución

    • Abusos en red
      A partir del reclamo de un vecino que manifestó que la empresa Telefónica de Argentina no respeta las tarifas oficiales vigentes para la prestación del servicio de acceso telefónico a Internet, la Defensoría del Pueblo recomendó al Interventor de la Comisión Nacional de Comunicaciones que, en caso de corresponder, ordene a esa compañía que cese en la comisión de prácticas erróneas en desmedro de los usuarios del servicio, y agilice el tratamiento de denuncias recibidas por parte de particulares.

    Gracias por el hielo

    En el barrio de Constitución perdura una actividad que tuvo su auge en las primeras décadas del siglo pasado. Es la que desarrolla el Frigorífico Oneto y Cía., que inició sus operaciones en 1858 como Molino y Fábrica de Pastas Alimenticias, derivó luego en la elaboración del tradicional hielo en barras y más tarde en los pequeños cilindros denominados vulgarmente rolitos. Sus orgullos son un compresor de origen suizo de 1925,aún en óptimo funcionamiento, y una trayectoria que se mantiene intacta por más de siglo y medio.

    En las mañanas estivales de la antigua Buenos Aires el carro se desplazaba por las calles adoquinadas, atento el conductor a las vecinas que salían de sus casas al grito de: “¡hielero!,¡hielero!”. Entonces se abrían las puertas de la chata y emergía un halo de frío que iluminaba el rostro de los niños que seguían, absortos, la escena cotidiana. Con destreza, el hombre enganchaba un garfio en la barra cristalina que patinaba ruidosa sobre el piso del furgón y la cargaba en su hombro protegido con un trozo de arpillera. El pequeño glaciar llegaba así a cuestas a los hogares porteños en aquellos veranos de la primera mitad del siglo XX para ser alojado en unas heladeras de madera, muebles algunos muy finos construidos en roble o cedro, aislados con corcho y forrados de zinc, donde las barras cristalinas se rodeaban de botellas y alimentos.

    La señora Hersilia Oneto, jefa de personal y encargada de la gestión de calidad del frigorífico, asegura que su primer antepasado llegó de Génova en 1822 y ya en 1858 su hijo instaló un molino harinero y una fábrica de pastas alimenticias. Inicialmente funcionó con tracción a sangre y luego fue el primer molino a vapor del país, en torno a 1880. Cuando aparecieron las máquinas frigoríficas, la empresa adquirió un compresor en Europa con el objeto de preservar las pastas y fideos que comercializaba, pero “por sugerencia de Sulzer Freres, fabricantes del equipo, también se aprovechó para producir hielo, al principio como un negocio anexo, hasta que adquirió tal relevancia que se transformó en actividad exclusiva”.

    Vinculada al frigorífico desde 1985, señala que “siempre se ha utilizado el agua potable de red, previamente tratada con filtros que la purifican, para que resulte un hielo cristalino, en lugar de hielo blanco, ya que el índice de calidad está determinado por la ausencia de burbujas que enturbiarían ese aspecto transparente, propio de una buena elaboración”. Repasando viejas fotografías, explica que para la fabricación de las barras había grandes espacios, que se denominaban baños, donde se vertía el agua ya purificada dentro de unos moldes metálicos entre los cuales circulaba salmuera, cuya función era colaborar con el congelamiento. Una vez formado el hielo, esos mismos moldes se calentaban ligeramente para desmoldar y el producto se recogía en bandejas que se llevaban a las cámaras de conservación. Las barras, de un metro veinte, con veinte centímetros de frente y quince de altura, se estibaban en esos recintos, separándolas con listones de madera para evitar que se pegaran entre si.

    “La fábrica vendía a mayoristas que ingresaban con sus carros por la calle Virrey Cevallos, cargaban su compra y salían luego por Solís hacia sus diversos recorridos. Eran carros grandes, arrastrados a veces por cuatro y hasta seis caballos percherones. Tanto era el peso que llevaban”, recuerda, “que las herraduras despedían chispas al chocar contra los adoquines de la calle. Cuando el gobierno, por ley, ordenó vender directamente al público, construimos una máquina con cuatro cuchillas, que separaba las barras en octavos, lo que permitía satisfacer rápidamente la demanda de la gente, que formaba larguísimas colas alrededor de la manzana”.

    “Entre 1940 y 1950, la producción era extraordinaria: casi trescientas toneladas diarias. Sólo la fábrica Alpargatas, nos compraba por día cuatrocientos barras de veinticinco kilos cada una para acondicionar los lugares de trabajo y refrigerar alguno de sus procesos industriales. Otros importantes clientes eran la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, el Mercado del Pescado y alguna empresa láctea actualmente muy conocida”. Pero también a inicios de la década del 40, surgieron las heladeras hogareñas: eléctricas y a kerosene. El elevado costo las restringió a las familias pudientes, hasta que al promediar los años 50 ingresaron masivamente al mercado y, con ellas, aparecieron las cubeteras de aluminio que permitían fabricar los cubitos en cada hogar.

    Consecuentemente, el consumo de hielo decayó y la empresa debió encarar otras actividades, como la conservación en sus depósitos de carne para exportación y la reserva de otras cámaras para vacunas y especialidades medicinales, además de la fabricación de hielo en cilindros, desde 1985, mediante el funcionamiento de tres máquinas aptas para producir 18 mil kilogramos diarios cada una. No obstante, la elaboración de barras se prolongó hasta 1997. “A veces tenemos requerimientos extraños, especialmente para las producciones fotográficas, de cine o televisión: una vez nos encargaron un cubo enorme y cristalino de un metro de lado; otra, hielo en colores y, en una época, se relacionó con el frigorífico un chef que se especializaba en figuras de hielo para casamientos. Nos proporcionaba el molde y le fabricábamos el bloque que necesitaba. Después concurría con sus alumnos para enseñarles como lo tallaba con sierras y otras herramientas hasta lograr un cisne, un corazón o cualquier otra forma”.

    Desde la calle se puede apreciar la vieja chimenea que se utilizaba para liberar la combustión del compresor. “Todavía tenemos uno en funcionamiento que es de 1925. Lo único que se modificó es la gran rueda que antes giraba a fuel oil y que ahora se desvinculó de la máquina, a la que se le acopló un generador eléctrico para que la haga trabajar. Este es el productor del frío, por compresión del amoníaco que se hace circular por las serpentinas. y que se adquirió también en la fábrica Sulzer Freres de Suiza. Mi papá cuenta que allí hay un museo donde se exhibe una máquina sin usar del año 1928. La nuestra es tres años más vieja”, se entusiasma la señora Oneto, “y siempre funcionó, incluso con un rendimiento superior al de muchos equipos modernos”.

    EQUIPO DE TRABAJO:

    Dirección General Dra. Alicia Pierini
    Dirección Periodística Dr. Oscar R. González
    Coordinación Periodística Lic. Pablo G. Fernández | Redacción Lic. Francisco Capurro Robles y Jorge Rodríguez Correa Diseño Ronald Smirnoff | Fotografía Valeria Niccolini y Julieta Panebianco. Colabora Luciana Garrido
    Propietario Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires

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    Permitida la reproducción citando al autor e incluyendo un enlace al artículo original

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