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Revista digital
Buenos Aires, crónicas de la ciudad abierta es la publicación digital de la Defensoría del Pueblo, que refleja la tarea desplegada por la institución y sirve para acercarse a quienes se interesan en la promoción de los derechos ciudadanos, en las cuestiones urbanas y en el desarrollo de políticas públicas participativas y democráticas. SUSCRIBIRME
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ABRIL 2006
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Viven |
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Convocados por la razón y la emoción llegan hasta hoy los ecos de aquellas ideas y pasiones que iluminaron nuestra juventud, la vibración de esas utopías truncas pero acaso sólo postergadas. Hace treinta años, cuando ser joven era vivir para un proyecto común y pensar en grande -la liberación, la justicia, un país mejor-, la violencia que sacudía desde el 55 enfrentaba a la sociedad con antinomias irreconciliables. Entonces creímos preciso asumir el desafío de una acción política que se hacía con autenticidad, con debates y proyectos a los que se ofrendaba la propia existencia. Así se llevaron muchas vidas que fueron celebración y sentido, que no perseguían ventajas personales ni prebendas, que dieron todo sin reclamar nada a cambio. Hoy rescatamos esas vidas presentes -siempre presentes-, no solamente porque dan cuenta de un pasado para no olvidar. Sobre todo porque iluminan la marcha de nuestro compromiso actual.
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Otro modelo en salud mental
Camino a casa
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 Para salir del encierro
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La sobrepoblación de internos, el deterioro edilicio de los institutos neuropsiquiátricos y el creciente abandono en el que subsisten muchos de sus pacientes dan cuenta de la crisis que padece el sistema público de salud mental de la ciudad. Tras años de olvido, el Ejecutivo porteño parece decidido a tomar cartas en el asunto y ya comenzó a implementar medidas para desterrar definitivamente las prácticas manicomiales imperantes y generar una red de asistencia integral que le permita a las personas con malestares psíquicos volver a su medio y reinsertarse en la sociedad.
Según el director general de Salud Mental de la ciudad, doctor Pablo Berretoni, “éste es un momento ideal para iniciar cambios en el sistema y terminar con el modelo hospitalocéntrico sobre el que se ha estructurado durante tanto tiempo, donde los pacientes son mantenidos en el hospital como rehenes, sin ninguna intención de curarlos”.
Con esa intención, en julio de 2000 la Legislatura porteña sancionó la Ley 448 de Salud Mental. Allí se afirmaba la necesidad de acabar con la ideología de reclusión y control que esconde la manicomialización de los pacientes con trastornos mentales, y se sentaban las bases para iniciar un proceso de externación que les permitiese recuperar, una vez dados de alta, su bienestar psíquico y su calidad de vida. Pero la clausura de varios pabellones del hospital Braulio Moyano a raíz de las pésimas condiciones edilicias en las que se encontraban, sumadas a las acusaciones sobre violaciones y maltratos a internas de ése y otros neuropsiquiátricos denunciadas en numerosas oportunidades por la Defensoría del Pueblo- demostraron que su aplicación aún está lejos de ser una realidad. En el marco de una investigación regional sobre Derechos Humanos y Salud Mental propulsada por el Mental Disability Rights International (MDRI) y Human Rights Watch, el equipo de Salud Mental del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) realizó durante 2004 y 2005 varios relevamientos a las unidades psiquiátricas penales de los hospitales Borda y Moyano, luego de los cuales detectó que los derechos de las personas que se encontraban alojadas allí eran vulnerados en forma sistemática y permanente. Los hombres y mujeres detenidas en la Unidad Penal 20 del Borda y en la Unidad Penal 27 del Moyano soportaban condiciones y tratamientos que violaban sus derechos a la vida, al trato digno y humano y a la integridad y seguridad personal. Sobrepoblación, falta de personal suficiente en número y formación profesional idónea, omisión de diagnóstico y tratamiento adecuados, elevado número de personas con problemas de drogadependencia, trato cruel, inhumano o degradante y vejaciones a los pacientes fueron algunas de las graves irregularidades halladas.
“El Moyano refleja las dos caras del sistema de salud mental”, asegura Berretoni. “Hay una gran cantidad de profesionales que trabaja en forma abnegada por los internos, pero también descubrimos un pequeño grupo de pícaros que usufructuó la función pública para beneficio personal y los utilizó para realizar investigaciones destinadas a laboratorios internacionales, haciéndoles consumir sustancias que aún no estaban en el mercado o que eran empleadas con una finalidad distinta a la estipulada en el prospecto. En los últimos meses tuvimos que separar además a 8 integrantes del plantel médico que habían sido acusados de abusar físicamente o sexualmente de las pacientes”.
Pero los inconvenientes no cesan allí. El actual sistema público de salud mental está integrado por los servicios que prestan cada uno de los hospitales generales de agudos (el Álvarez y el Piñero poseen camas para internación), los de niños y los especializados en otras patologías, por los que funcionan en los centros de salud y acción comunitaria (CeSAC) de cada barrio, por los dos centros polivalentes ubicados en el barrio de Núñez y en el Ameghino y por los cuatro hospitales psiquiátricos: Torcuato de Alvear, José T. Borda, Braulio Moyano y Carolina Tobar García. Pese a la buena voluntad de los especialistas que se desempeñan en cada uno de esos establecimientos, aún no existe una política clara y en común que opere como articuladora de sus tareas. “Para resolver esa falla”, dice Berretoni, “estamos confeccionando guías de procedimiento y derivación que nos permitan trabajar en red y favorecer el intercambio de información. Una psicosis aguda o un ataque de pánico deben recibir la misma calidad de atención y tratamiento tanto en un hospital general como cualquier CeSAC de barrio”.
El psiquiatra Armando Bauleo, uno de los fundadores del Movimiento Social de Desmanicomialización y Transformación de las Instituciones, aseguró en un artículo publicado en Página/12 el l6 de diciembre pasado, que “la desmanicomialización y el establecimiento de una red de atención no es una acción contra edificios y organigramas, sino que involucra otra concepción del proceso de enfermarse y del tipo de tratamiento que efectuamos para acompañar al sujeto en la disminución de su sufrimiento mental. La red de atención que vendría a liquidar un modelo de asistencia en salud mental supeditado a una vigilancia ejercida por los manicomios consta de ambulatorios, centros de crisis, salas de internación en los hospitales generales, comunidades terapéuticas, hospitales de día, albergues nocturnos, casas de medio camino y alojamientos para ex pacientes que recuperaron una ciudadanía que nunca debieron perder”.
Berretoni coincide con Bauleo, pero subraya la importancia de descentralizar la atención: “La única forma de desarticular el modelo manicomial es que los pacientes puedan ser tratados en los mismos lugares donde residen, cerca de su familia y su hábitat natural. Cada hospital debe tener un consultorio de salud mental y una guardia interdisciplinaria de 24 horas conformada por un psiquiatra, un psicólogo, un asistente social y un enfermero, que esté dotada de camas preparadas para aquellos que lleguen con una crisis. Y la misma infraestructura debe estar disponible en los centros de salud y acción comunitaria de los barrios, donde también resulta fundamental fortalecer el sistema de atención domiciliaria de crisis agudas”.
Otro hecho que preocupa es que pese a tener el alta, entre el 30 y el 50 por ciento de los internados permanece en los hospitales monovalentes porque están solos, no tienen una familia que los contenga y el sistema tampoco les ofrece una adecuada reinserción. “En ese sentido, la futura apertura de las Casas de Medio Camino en cada uno de los barrios permitirá que quienes ya hayan sido externados puedan reinsertarse nuevamente en la comunidad y recuperar su lugar de pertenencia y su dignidad", aseguró el funcionario. "El alta psiquiátrica es sólo una parte del tratamiento, la otra consiste en que el sujeto pueda recobrar sus habilidades sociales. Como decía Ramón Carrillo, la salud es demasiado importante para dejarla en manos de los médicos. Tenemos que trabajar mancomunadamente con todas las organizaciones sociales para poder recuperar esas voluntades que fueron quebradas. La desmanicomialización es una responsabilidad de todos”.
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SENDRA, HUMORISTA GRÁFICO
“Matías refleja emociones universales”
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Yo, Sendra

Matías corazón
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Con su tira Yo, Matías, Fernando Sendra se transformó en uno de los máximos referentes del humor gráfico argentino. En esta entrevista, el popular dibujante relata cómo nació su creación más famosa y cuestiona a quienes desdeñan a la historieta como género y la consideran sólo como “un escalón hacia algo mayor”.
¿Por qué eligió a un niño para protagonizar una tira de humor?
Matías nació en 1991 como una protuberancia de la imaginación, mientras trabajaba en otro personaje que publicaba en el diario Clarín durante los 80, el guapo Prudencio. Primero apareció como una figura secundaria y ocasional que enchufé para resolver una situación especial, pero con el tiempo llegué a la conclusión de que el punto de vista de un chico enriquecía la tira. Ya tenía el de la mujer, a través de la mina del guapo, y el del absurdo, con el farol que hablaba. Pero a diferencia de ellos, Matías terminó acaparando el rol principal. Esa situación coincidió también con mi realidad personal de padre que estaba criando 4 hijos y que convivía permanentemente con ellos, lo que me obligaba a negociar con ellos en múltiples cosas de la vida cotidiana y, para ello, a aprehender sus puntos de vista y sus lógicas. Al mismo tiempo, a través de los chicos empecé a revivir mi propia infancia, a sentir nuevamente emociones que creía perdidas hacía mucho tiempo. Cuando no accedía a un pedido de mis hijos o tenía que ponerles límites en algo sentía simultáneamente su frustración por ese deseo que yo les reprimía. Ese diálogo interno lo resolví incorporando al personaje de la madre como el adulto responsable y a cargo de Matías, que tiene conocimientos de adulto pero también aspiraciones humanas. La dupla de adulto-chico me animó a abandonar al guapo y dejarles el protagonismo a ellos.
¿Por qué Matías tiene tanto éxito?
La historieta se nutre y refleja emociones universales. Cuando la traduje a otros idiomas me di cuenta de que podía rescatar un porcentaje muy alto de las tiras, porque no las había armado sobre la base de un juego de palabras sino de sentimientos: la vanidad contrapuesta a la caída, la ira a la paz, sensaciones contradictorias que caben dentro de una misma persona en simultáneo y que cuando se ponen en evidencia como intento hacerlo a través de Matías- nos permiten reírnos de la situación y tomarnos el pelo a nosotros mismos. Cuando escribo, simplemente me dejo fluir. A veces estoy más optimista, otras más pedante, los sentimientos son positivos y negativos. Y en algunas oportunidades no tengo que buscar un chiste, sino un personaje. Del mismo modo que Matías me ayudó a salir de Prudencio, que me trababa, hay actores secundarios de la tira que me permiten expresar otras situaciones y estados de ánimo: a través de la tortuga puedo hablar de la estupidez; Lazlo es un refugiado que tiene que buscar constantemente su sustento, muy diferente a Matías, sobreprotegido por la madre; si tengo ganas de autocriticarme aparece el psicoanalista; y cuando estoy más loco incorporo al personaje de la cucaracha. En general, mis relatos expresan siempre sentimientos reales puestos en situaciones imaginarias.
¿A qué público se dirige la historieta?
Creo que la tira de Matías tiene tres tipos principales de lectores: los niños, porque constituye uno de los pocos espacios accesibles para ellos; las mujeres, porque trabaja con los sentimientos y me parece que ellas son quienes más se identifican con ellos; y por último los varones jóvenes adultos que crecieron leyéndolo desde su infancia y lo consideran casi un personaje histórico.
¿La tira puede incentivar a los chicos a leer más?
Cuando alguien dice eso, mi sensación es que creen que la historieta es un género bisagra entre la literatura respetable y otra más informal. Y a mí me molesta que la rotulen como un escalón hacia algo mayor. Es como si dijeran “esto no es un piso, es la escalera para llegar a ese piso”. La historieta sirve para leer lo mismo que respirar para comer. El que se engancha con ella incorpora el ejercicio de la lectura, pero eso no significa que después lea a Víctor Hugo. En sí misma, la historieta transmite cierto tipo de valores y, como en todo, hay buenas y malas.
¿Cómo se relaciona Matías con la ciudad y el barrio?
El elemento que lo distingue es que no niega su porteñidad. Existe una forma de producir historietas calcada del molde norteamericano, repleto de súper héroes, mucha acción y espectacularidad. La premisa de Matías, en cambio, es investigar lo cotidiano, el despelote que se arma cuando vuelca una taza de azúcar en la mesa. Y a diferencia de Superman, Matías es un pibe de carne y hueso, no puede salir volando cuando la madre lo corre.
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Club de mis amores
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Macarini, de Villa Malcolm

Dominó en el Iguazú
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Se redujeron a la mitad y ya no tienen el esplendor de antaño, pero muchos clubes de barrio siguen peleando para que el mercantilismo y el individualismo actual no terminen con esos ámbitos de solidaridad comunitaria que todavía albergan la pasión por una competencia de baby fútbol o, simplemente, por una partida de tute. En esta nota, dos ejemplos.
El teléfono suena una vez y del otro lado de la línea una voz sobresaltada explica que para concertar una entrevista hay que comunicarse a otro número. “Acá estamos pelando papas para el mediodía. Tiene que hablar con Macarini”, vocifera el cocinero del Club Social y Deportivo Villa Malcolm, emplazado en el corazón de Villa Crespo.
La institución que funciona en la avenida Córdoba 5064- fue fundada el 6 de septiembre de 1928 como un club de fútbol, pero en los años 40 abandonó ese deporte debido no sólo a la preeminencia de actividades sociales, sino también porque durante uno de los partidos disputados en aquel entonces contra El Progreso, un integrante del equipo fue herido de un balazo en una pierna luego de una encarnizada discusión con el referí, que había anulado un gol a raíz de una supuesta posición adelantada.
Entre los albores del siglo XX y el presente, los clubes de barrio se redujeron a la mitad: eran 612 y actualmente no llegan a 300. Sin embargo, sobreviven con orgullo a un modelo económico que devora sus esperanzas de conseguir más socios. Son entidades desde las que sólo unos pocos elegidos brincaron al estrellato deportivo, pero que mantuvieron la vida social de la comunidad y diluyeron sus diferencias sin preocuparse demasiado por construir un negocio rentable.
Antonio Macarini es integrante de la comisión que dirige Villa Malcolm hace 20 años. A sus 59, se jacta de ser el más joven de los socios. “Los demás son todos vitalicios o están muertos, y los nuevos son todos pibes que vienen a jugar al baby fútbol, o chicas que practican patín y gimnasia artística. El problema de los varones es que a los 13 se van a estudiar o dejan la pelota. De los 2.500 socios que había en las mejores épocas, hoy deben quedar unos 400", describe con nostalgia este ex empleado de comercio.
En la actualidad, el club debe luchar para seducir a una generación de jóvenes asediados por el facilismo de los juegos electrónicos, chicos que experimentan su vida frente a una pantalla y manifiestan otras expectativas y deseos. Mientras, Villa Malcolm también alberga al Centro de Jubilados Villa Crespo y a una escuela para adultos dependiente de la Secretaría de Educación porteña. “La televisión impone la lógica del consumo permanente: la última camiseta, las mejores zapatillas de marca. Los nuestros eran otros códigos”, reprocha Macarini. “Todavía hay uno que viene y me pide que lo tutee, pero yo no puedo porque ya me quedó la costumbre de tratarlo de usted. Ahora los pibes te putean directamente".
El directivo también se queja de los individualistas: "Villa Malcolm vive de los alquileres de las dos canchitas de fútbol y de los salones donde de lunes a viernes se organizan espectáculos de tango y se enseña a bailar swing y salsa. Los segundos sábados de cada mes hay baile con orquesta y vienen como 300 personas. Antes asistían más, pero ahora la vida ha llevado a la gente a defender su quintita y nada más”.
Cualquier porteño que haya superado la barrera de los cuarenta asistió alguna vez a los famosos bailes en el Malcolm donde, entre otros, desfilaron las orquestas de tango de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo y Juan D´Arienzo, Los Chalchaleros, Jaime Torres para cuya actuación se realizó un célebre locro concert- y la troupe completa del Club de Clan, que deleitaron sucesivamente a los aficionados al taconeo, el firulete y el rock & roll. Tal era el fervor exhibido en aquellas galas que, según narran los socios mayores, en una oportunidad una joven no pudo resistir la tentación y le mordió la oreja al mismísimo Palito Ortega.
"Yo empecé a bailar acá”, rememora Macarini. “En esa época tenía 15 años y a las 8 de la noche ya estaba cabeceando entre todas las viejas que traían a las hijas a bailar. Yo tomaba whisky y mis amigos consumían mucho Gancia con Gin. Después nos íbamos a comer a Pippo. Alguna vez debo haber estado borracho, pero no era nada parecido a lo de ahora. Nosotros éramos medio salames".
Al promediar los 70 los bailes se suspendieron, los socios comenzaron a quedarse más tiempo en sus casas y el club tuvo que enfrentar una crisis financiera que no le impidió ingresar a la década del 80. "No tenemos deudas. Villa Malcolm sigue viviendo cuidadito y pintado, pero siempre hay algo para remendar. Cuando venga algún funcionario que se acuerde de los clubes haremos algo, porque con un subsidio de 1.500 pesos no se puede”, se queja Macarini, y confiesa que muchas entidades privadas quisieron armar negocios allí, pero los directivos siempre dijeron que no. “Mientras estemos vivos y con ganas, no queremos saber nada".
José Santiso tiene 31 años y desde los 13 está en el Club Social Iguazú, fundado en 1940 por un misionero en la calle San Blas 4225, en el barrio de Floresta. Hoy es vicepresidente primero de la comisión directiva, y junto a los socios decidió plantar dos palmeras en el frente del local para recuperar el espíritu geográfico del fundador original: "Yo les cuento a mis amigos que vengo a jugar al tute con tipos que me llevan 30 años”, comenta orgulloso. “Qué bueno es tener un espacio así, José, me dicen. Los pibes más jóvenes vienen mucho a la tarde, porque el ambiente es muy amigable. Vos llegaste para hacer una nota y el bufetero te dijo que el presidente no estaba y que volvieras a las ocho, mientras desde el fondo se escuchaba ¡despachálo a éste!. Al final terminamos conversando y tomando café, ¿viste?”.
Hace dos años el club estuvo por cerrar porque no había quien se quedara en el buffet y las cuotas venían muy atrasadas. Entonces decidieron que si no se pagaba no se podía jugar ni al dominó ni a nada. Cada socio tiene una fila en una planilla que se completa con una P si desembolsó los 5 pesos correspondientes, pero desde los balances del año pasado los casilleros vacíos pueblan cada vez con más frecuencia los amarillentos registros.
Santiso es el más joven de los que están sentados en las mesas de dominó en la tarde del martes y evoca algunas anécdotas de su infancia. "Antes se jugaba por guita, se apostaban autos y departamentos y los partidos terminaban a los balazos. Eran muchachos más grandes que ya no vienen, pero que dejaron las marcas de los disparos en el frente del club. Era una época de guapos y todavía quedan algunos, como Quique uno de los mayores, sentado en la mesa contigua-, que nos va a enterrar a todos. Hace 20 años que dice que se va a morir, pero el tipo vuelve de la clínica después de estar una semana con suero y se fuma 400 millones de cigarrillos".
El estatuto original de Iguazú no permite asociar mujeres. Santiso se ríe de la decisión: "Mi señora siempre se quiere afiliar, pero yo le contesto un poco en joda- que lamentablemente no está permitido. Pero la realidad es que no hay una sola socia mujer, aunque participen de muchas actividades”.
En el último rincón del club, los más pebetes juegan al flipper, del que cuelga un tosco cartel de papel con una leyenda garabateada en forma de amenaza, destinada al propietario de la máquina: Arreglá bien este flipper o traé otro, porque si no te vamos a matar. En una hora, los adolescentes van a ser reemplazados por los socios históricos, que empezarán un áspero debate en torno a la validez de una dudosa maniobra en el tute.
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En síntesis

Los doctores Pereyra, Pierini
y Lorences debaten sobre la clausura de locales.
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- Informe anual
La doctora Alicia Pierini presentó formalmente el pasado 15 de marzo ante la Legislatura el Informe Anual 2005. Una semana después se reunió con los titulares de los distintos bloques legislativos para darles cuenta del contenido del documento, que registra los desarrollos y avances de su gestión durante el año pasado y que sintetiza la labor desarrollada por la Defensora del Pueblo, sus adjuntos y el conjunto de direcciones, áreas y oficinas del organismo.
VER INFORME COMPLETO (3.84 mb.)
- Clausuras en debate
Para unificar los criterios que se emplean para efectuar clausuras judiciales y administrativas, el pasado 29 de marzo la Defensoría del Pueblo organizó en la Manzana de las Luces la jornada Por qué, cuándo y cómo se clausura un local en la ciudad de Buenos Aires, en la que participaron la defensora Alicia Pierini y los doctores Héctor Lorences, Rubén Pereyra, Luisa María Escrich y Diego Martínez.
- Por los ex combatientes
La Defensora del Pueblo le solicitó al Jefe de Gabinete del Gobierno porteño que arbitre las medidas que correspondan a fin de reglamentar la Ley 1636 que dispone la atención médica a los ex combatientes de Malvinas y su grupo familiar. Ver resolución. Ver resolución.
- Bar con memoria
Para evitar el cierre del tradicional Bar Británico, la Defensora del Pueblo solicitó a la Secretaría de Cultura del Gobierno porteño que lo declare Patrimonio Cultural de la Ciudad, después de que unos 14 mil vecinos reunieran firmas para frenar su desalojo. En su resolución, la doctora Alicia Pierini instó al Ejecutivo a “preservar, recuperar y difundir la memoria y la historia de Buenos Aires y sus barrios”.
- Menos ruido
A raíz de las presentaciones efectuadas por vecinos que se quejaron de los problemas generados por los recitales que se llevan a cabo en los clubes Obras Sanitarias de la Nación y Ciudad de Buenos Aires, la Defensoría del Pueblo recomendó a la Subsecretaría de Control Comunal del Gobierno porteño que se abstenga de otorgar permisos para la celebración de shows musicales al aire libre por jornadas continuas limitándolos a las no laborables. Ver resolución.
- Visitas guiadas
Ciudad y Derechos, el portal de garantías desarrollado por la Defensoría del Pueblo, recibió durante el mes de marzo más de 4 mil visitas. El sitio permite acceder, a través de la internet, al plexo normativo que contiene los derechos que tienen todos los vecinos de la ciudad y a las disposiciones que garantizan su efectiva realización cuando aquellos sean incumplidos o vulnerados.
- Comenzar por casa
La Defensoría del Pueblo recomendó al Presidente del Instituto de Vivienda porteño que garantice que los inmuebles de su propiedad cumplan adecuadamente con el conjunto de condiciones de construcción, instalación y equipamiento exigido por la normativa vigente en materia de protección contra incendios. Ver resolución.
- Recuperar el verde
Árboles sin poda, falta de iluminación, bancos y cestos de basura rotos, falta de limpieza y ausencia de cercos perimetrales fueron algunas de las irregularidades denunciadas por los vecinos de la Plaza Amaya, en el barrio de Boedo, lo que motivó que la Defensora del Pueblo recomendara a la directora general de Espacios Verdes que arbitre los medios necesarios para terminar con el estado de abandono y proceda al control suficiente sobre los servicios prestados por la empresa Ecología Urbana SRL, a cargo de su mantenimiento. Ver resolución.
- Defensores en pleno
La Defensora del Pueblo porteña, Alicia Pierini, los adjuntos Atilio Alimena y Graciela Muñiz y otros funcionarios de la institución participaron en la Reunión Plenaria de la Asociación de Defensores del Pueblo de la República Argentina (ADPRA), que se realizó los días 30 y 31 de marzo en la ciudad de Río Cuarto, Córdoba.
- Mejorar la vida
Vecinos del núcleo habitacional Los Piletones reclamaron ante la Defensoría del Pueblo la necesidad de aumentar la cantidad de conexiones de suministro eléctrico domiciliario y efectuar adecuaciones de infraestructura urbana con el fin de resguardar las condiciones de vida de los vecinos del lugar. La presentación motivó que su titular, Alicia Pierini, recomendara a los Secretarios de Infraestructura y Planeamiento y de Desarrollo Social que realicen las obras que posibiliten dar una solución a las deficiencias planteadas.
- Seguridad y DD.HH.
Alicia Pierini participó el 6 de abril en la mesa "Retos y desafíos de los Ombudsman frente a la problemática de inseguridad ciudadana", realizada en el marco del Seminario Internacional "Seguridad y Derechos Humanos", que organizó la Defensoría del Pueblo de la Nación con el apoyo del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) y la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (ASDI).
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Una fortaleza para salvar al prójimo
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Desde 1914, un curioso edificio de tres plantas con torres, almenas y troneras, se yergue como un antiguo fuerte en el cruce de tres calles -HipólitoYrigoyen, Esparza y Sánchez de Loria- que coinciden con el límite entre Balvanera Oeste y Almagro.
El predio, donde antaño funcionó el principal vaciadero de residuos de la ciudad, que luego eran trasladados a la quema por el tren de la basura, fue donado por la señora Catalina Capdeville de Pagola al Ejército de Salvación, que edificó allí una de sus sedes para albergar la obra de esa tradicional institución religiosa fundada en Londres por el pastor William Booth en 1865. Amantes de la prédica callejera, la organización de tipo militar y las acciones concretas en materia de ayuda al prójimo, los uniformes de este singular regimiento fatigaron Buenos Aires ya desde fines del siglo XIX, cuando cuatro de sus representantes llegaron para establecer misiones en la Argentina y pocos años más tarde ya contaban con varios hogares distribuidos especialmente en los humildes barrios del sur. Los vecinos más viejos aún recuerdan las marchas de estos uniformados y sus interminables sermones en las plazas, así como la cantina maternal que funcionaba muy cerca de allí, en México y Colombres. Hoy esa austera ciudadela salvacionista continúa su compromiso con la comunidad sosteniendo el Hogar Pagola, un pensionado femenino para empleadas y estudiantes, el Centro de Orientación Social y bolsa de trabajo donde se atienden las necesidades de los vecinos y, además, una iniciativa original, la Juegoteca Almagro, un espacio cedido a la Dirección General de la Niñez y Adolescencia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con actividades gratuitas tales como arte, teatro, fútbol y música, destinadas a los niños de 3 a 13 años. Como se advierte, los inquietos misioneros de galón y charretera no sólo se preocupan por las almas en peligro sino también por necesidades mucho más terrenales.
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EQUIPO DE TRABAJO:
Dirección General Dra. Alicia Pierini
Dirección Periodística Dr. Oscar R. González
Coordinación Periodística Lic. Pablo G. Fernández | Redacción Lic. Francisco Capurro Robles y Jorge Rodríguez Correa Diseño Ronald Smirnoff | Fotografía Valeria Niccolini y Julieta Panebianco
Propietario Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires
Copyfree Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires
Permitida la reproducción citando al autor e incluyendo un enlace al artículo original
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