Año 4 Nº 39 Junio de 2010


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El Salvador - Propuesta terapéutica para mujeres que vivieron la guerra   
  El psicodrama es una metodología apta para elaborar los traumatismos de guerra, las huellas de violaciones, de abusos incestuosos y duelos congelados en tragedias vividas por las mujeres.
Así lo considera Úrsula Hauser, quien fue guía de los procesos psicodramáticos con dos grupos de mujeres feministas, madres e hijas que vivieron, de 1981 a 1992, el conflicto armado entre el gobierno salvadoreño y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

En su opinión, esta propuesta terapéutica, creada por Jacob Leví Moreno, en la que se utiliza el psicoanálisis y las técnicas teatrales, sirve para trabajar con las mujeres en el contexto del síndrome stress postraumático, sobre todo en forma grupal y con un encuadre bien definido y durante largo tiempo.

Hauser, psicóloga social y clínica de la Universidad de Zurich y doctora en etno-psicoanálisis, de la Universidad de Klagenfurt, señala lo anterior en "Grupo psicodrama: abrazando la vida, desafiando el dolor", donde se expone parte de la iniciativa feminista impulsada a partir de 1996 por la Asociación Movimiento de Mujeres Mélida Anaya Montes, Las Mélidas, con grupos de mujeres que vivieron la guerra y la posguerra en este país centroamericano.

Dos años es el tiempo mínimo para que las mujeres puedan recuperarse, de modo que sea posible que ellas rompan el silencio y empiecen a hablar de las experiencias traumáticas, señala la especialista, quien actualmente vive en Costa Rica. Para ella, en el psicodrama el grupo tiene una función terapéutica importante al lado del equipo de profesionales coordinadores, ya que alivia la amenaza que puede surgir dentro de un encuadre bipersonal (terapeuta-paciente) y, de este último, la intimidad de "tú a tú" puede ser vivida como repetición de la situación traumática con el violador, torturador u opresor en la cárcel.

Así, "el grupo de compañeras ayuda a multiplicar las relaciones transferenciales y, de este modo, disminuye la fantasía terrorífica del poder de la o el terapeuta" y puede ayudar activamente durante el proceso de psicodrama repartiendo "roles" y funciones, transformando el drama singular en una trama social, señala.

Un paso significativo, aclara, es la integración del movimiento y de la expresión corporal, pues en el esquema corporal la violencia que vive una mujer deja no sólo una huella psicológica sino también física y simbólica con relación al sentimiento de identidad. En este momento, la manifestación físico-emocional y verbal de los odios y enojos es importante, dado que muchísimas enfermedades de las mujeres tienen su causa en las "cóleras tragadas", agrega.

 
   
Fuente: SEMlac, junio de 2010  

 

Compilación y coordinación editorial: Lic. Gabriela Moffson
Edición: Mariana Oliveri
Diseño: Lic. Luciana Garrido, Silvana Ferrary y Martín Balbi

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