| Año 5 Nº 56 |
Noviembre -
Diciembre de 2011 |
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Por la paridad de género |
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El
Premio Nobel de la Paz de este año fue para tres mujeres: la
liberiana Ellen Johnson Sirleaf, primera Presidenta de un país
africano; su compatriota Leymah Gbowee, activista que lideró el
movimiento que puso fin a la segunda guerra civil de ese país; y
Tawakkul Karman, figura emblemática de la primavera árabe
en Yemen.
Thorbjoern Jagland, presidente del Comité noruego, aclaró
que la decisión no tuvo que ver con una “cuota de
género”, sino con el reconocimiento de la labor de las
tres galardonadas en la lucha pacífica a favor de la seguridad
de las mujeres y de su derecho a la participación en procesos de
paz. La designación indica, no obstante, un reconocimiento del
lugar clave de las mujeres en la vida pública
contemporánea y su liderazgo en procesos donde la
participación popular ha adquirido renovado protagonismo.
Sin embargo, las instituciones de la democracia formal no se muestran
tan permeables a la participación femenina. A pesar de avances
notables, estudios sobre participación de las mujeres muestran
que la esfera política sigue siendo uno de los espacios
más resistentes al cambio.
Según el Índice de Compromiso Cumplido Latinoamericano,
instrumento técnico-político creado por el movimiento de
mujeres para el control ciudadano de las políticas nacionales e
internacionales sobre equidad de género, en 2003, en 14 de los
18 países de la región la participación femenina
en asambleas legislativas no llegaba al 20%. Entre ellos, cinco no
alcanzaban el 10%. Costa Rica era el país con el porcentaje
más alto (35,1%), seguido de Argentina (31%), México
(21,2%) y Nicaragua (20,4%). Honduras, por su parte, registraba la
presencia más baja de mujeres en cargos electivos (6,3%),
seguido de Guatemala (8,2%), Paraguay (8,8%), Brasil (9,1%),
Panamá (9,9%) y Chile (10,1%).
En 2009, la Unión Interparlamentaria (UIP) reportó
cambios en el panorama participativo de las mujeres en América
Latina. La Argentina pasó a liderar la lista con un porcentaje
de participación del 46,1%, seguida por Costa Rica con un 36,8%
y Ecuador, que subió del 16,0% en 2003 al 32,3%. Esos cambios
obedecen en buena medida a la implementación de cuotas de
género en las décadas de 1990 y 2000, señala la
organización internacional.
Si bien algunas de estas políticas ya habían sido
adoptadas por partidos políticos del norte de Europa en la
década de los setenta, la UIP señala que Argentina fue el
primer país democrático que, en 1991, le confirió
carácter de ley a esta medida, extendiéndola para todos
los partidos y fijando una cuota del 30% para las elecciones generales,
lo que conllevó un incremento de la representación de
mujeres en las legislaturas. Actualmente, este país, que acaba
de reelegir a una mujer, Cristina Fernández, como presidenta de
la República, se sitúa entre los 12 primeros a nivel
mundial con mayor participación femenina en el Parlamento.
En los años siguientes, doce países de las
Américas siguieron este ejemplo y formularon leyes o
disposiciones constitucionales relativas a las cuotas de género,
aunque el crecimiento de la participación política
femenina en ellos fue dispar.
La organización que representa a la rama legislativa de 159
países, explica que esto se debió a factores relacionados
con el porcentaje de participación femenina exigido por las
cuotas, que en países como Costa Rica establece un mínimo
del 40% de las candidaturas, mientras que en Paraguay es del 20%. Otro
factor son los mecanismos dispuestos por la ley para garantizar su
cumplimiento, que en algunos países contemplan sanciones para
los partidos que nos las cumplan, mientras que en otros como
Panamá no pasan de meras recomendaciones.
Los mayores avances se han registrado en las elecciones parlamentarias,
en tanto que la participación de las mujeres en los gobiernos
locales continúa siendo baja. Según lo reportado en el
Primer Foro Hemisférico “Liderazgo de las mujeres para la
democracia de ciudadanía” celebrado en abril de este
año en Washington, en América Latina menos del 10% de las
alcaldías está en manos de mujeres, y en la
administración pública ellas apenas alcanzan el 15% de
los gabinetes ejecutivos. Esta subrepresentación en puestos de
gobierno afecta la calidad de la democracia y el ejercicio pleno de los
derechos de las mujeres. También incide en la pobre
formulación de leyes, políticas y programas destinados a
superar la discriminación en todas las esferas de la vida
nacional, pública y privada. |
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Fuente: www.clam.org.br, noviembre de 2011 |
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Compilación y coordinación editorial: Lic. Gabriela Moffson
Edición: Mariana Oliveri
Diseño: Lic. Luciana Garrido, Silvana Ferrary y Martín Balbi
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